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La adaptabilidad como pilar de la creación de valor de las empresas.

17/01/2025

Publicado por CADE


Las organizaciones no existen en un vacío. Operan en un entramado complejo, donde cada decisión que toman no solo afecta sus resultados, sino que altera el equilibrio de sus relaciones con los demás actores del mercado. En este contexto, el verdadero desafío no es incrementar las utilidades, si no entender y responder a las fuerzas externas que moldean las reglas del juego.

El entorno regulatorio, en particular, representa una de esas fuerzas inexcusables. 

Bajo este marco, la creación de valor de una organización está intrínsecamente vinculada a su habilidad de adaptarse a las alteraciones del mercado, principalmente cuando estas están motivadas en modificaciones a nivel regulatorio. 

En un contexto donde la normativa tiende a uniformarse bajo estándares internacionales; ¿cuál sería la estrategia corporativa más acertada para alinearse a las nuevas regulaciones sin perder valor? 

Se interpreta que, el no estar sujeto a la norma, no sería un trade-off viable, sino un riesgo que compromete el posicionamiento y la reputación de cualquier compañía.

A modo de ejemplo: recientemente en Uruguay, se sancionó la Ley Nº 20.345 de “Regulación de los activos virtuales”, que amplía el espectro y las facultades de supervisión a entidades supervisadas de la Superintendencia de Servicios Financieros; dentro de las que se incluye a los proveedores de servicios de activos virtuales y quienes operan en la compraventa de los mismos.

A través de esta nueva ley, el Banco Central del Uruguay regulará y fiscalizará las actividades que se encuadren en el manejo de este tipo de activos, un mandato que se alinea con las tendencias internacionales en materia de contralor, compliance y gobernanza.

Aunque su implementación práctica está sujeta a lo que disponga el decreto reglamentario, queda claro que las empresas inmersas dentro de este mercado no podrán ignorar las futuras disposiciones, sin que ello comprometa su viabilidad en el largo plazo.

En este sentido, adaptarse a las nuevas regulaciones no es un ejercicio meramente técnico; es una decisión estratégica. 

De lo expuesto, se asume entonces que la sostenibilidad de un negocio no radica únicamente en su eficiencia operativa, sino en desarrollar sus actividades comerciales en el marco de los parámetros impuestos por la norma.

Se concluye entonces, que el cumplimiento normativo, lejos de ser un obstáculo, puede convertirse en una ventaja competitiva si es abordado en el marco de una estructura ágil y una visión clara de futuro a largo plazo.

Concluyo, que la adaptabilidad – entendida como la capacidad de reconfigurar los recursos y procesos internos – constituye el núcleo de creación de valor, bajo este escenario.  

En definitiva, reguladores, clientes, proveedores y competidores forman parte de un ecosistema interdependiente en el que cada acción que tomen, desencadena reacciones en cadena. Entender esta dinámica y permearse ágilmente a ella, le permite a cualquier organización, no solamente evitar pérdidas y riesgos reputacionales, sino descubrir oportunidades de crecimiento.

Autora

Dra. Sofía Humaian